Sunday, July 23, 2006

consideraciones

Considérese un hombre que cree querer a sus parejas más de lo que a él le gustaría, aunque prefiere callar.
Considérese una chica que cree que mostrarse muy interesada es contraproducente, aunque le gusta flirtear.
¿Qué hacen ellos si (por una de esas casualidades de la vida) el destino los junta?
No hacen más que discutir la contingencia de la humanidad, cargada de ese eterno retorno que ha sido comentado hasta el cansancio, para luego preguntarse qué hacer ahora. Una aventura fugaz y ella queda con ganas de más; él encuentra que no ha sido suficiente pero decide que se debe alejar.
Considérese ahora un hombre que en sus anteriores relaciones nunca ha dicho la verdad y ahora, harto del engaño, desea mirar la situación de frente.
Considérese, también, una chica que sólo desea una relación distinta a las que ha tenido, una relación de verdad.
Nuevamente, nuestro amigo el destino decide jugar un poco a ser ajedrecista y junta a estos dos personajes ficticios.
Él, con una verdad acumulada y ella, con un deseo inagotable de honestidad sin proezas. Él le dice que ya no puede vivir sin ella y ella acepta la declaración con la alegría de un saltamontes. Se asusta y escapa. Él vuelve a mentir.

¿Qué pareja ha ganado más? Su juicio ha de ser objetivo y deberá, usted, tomar en cuenta las consecuencias posteriores en las vidas de los cuatro hipotéticos (¿y patéticos?) individuos. Dos que vivirán la vida callando y dos que desearán nunca haber conocido la verdad. ¿Para cuál de estos seres -que podrían ser usted o yo- lo acaecido ha sido útil?

Yo creo que para ninguno.

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