
La semana pasada fui a la playa y con una amiga fuimos a caminar por las rocas. Llevamos cada una un libro y nos separamos, para leer tranquilas. Cuando ella me dejó, sentada en una roca en medio de las olas, no quise leer. Quise sentir a Dios. Me quedé ahí por horas, viéndolo mostrarme toda su gracia a través del viento, en las olas, en los árboles, en los pájaros. Me llamaba, decía que no le temiera y que me abriera a Él, que lo aceptara. Lo sentí dentro mío y estuve en paz, una emoción inexplicable me embargaba y me sentí plena. Quiero estar con Él y no dejarlo, porque sólo en Él me siento completa.
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