El pobre cangrejo ya no sabe qué hacer: los días pasan, las noches se repiten, los abuelos ven su ciclo terminado, el nieto acaba de nacer y todo sigue como siempre. ¿Es ésto a lo que se refería Nietzsche con el eterno retorno? ¿Ver siempre a la luna relevar al sol para ser ella relevada luego por él? No lo sé… aunque nos gustaría creer que tenía algo más en mente, algo más profundo, algo más como lo que todos esperarían de un filósofo de tal magnitud. Pero ¡vaya usted a saber!
Todos los días y todo el día, el cangrejo sufre, desespera, hasta que se duerme. Sueña con su muerte, envuelto en una felicidad indescriptible, lleno de deseo por saber qué sucede después, imagina las cosas que vendrán y está (ésto lo puedo asegurar) honestamente emocionado. Pero luego despierta y entiende que nada de eso fue real, entiende que estará ahí por siempre, por los siglos de los siglos y amén… no hay nada que él pueda hacer. Hasta que un día, nadie me ayuda, a nadie se le ocurre pensar que no es normal que yo no muera (¿es acaso normal en alguien la inmortalidad? pues, no, pero esos egoístas sólo piensan en ellos mismo). Ya estoy harto. Creo que he tenido suficiente con tanta vida y esto se debería acabar aquí. Tengo que hacer algo, debe haber algo que pueda hacer.
Es ahí, en este preciso momento de absoluta epifanía y Divina revelación, cuando el cangrejo decide presentarse al tribunal y elevar una solicitud:
“Estimados Miembros del Consejo: propongo una moción para acabar con mi inmortalidad y que de esa manera la gente deje de pensar en mí. Ha sido demasiado y esto debe terminar, que alguien me ayude a morir, ahora, ya.”
El tribunal analiza tan excepcional solicitud y, luego de varias horas de profundo escrutinio en que se debaten todas las razones y se discuten todas las posibles consecuencias, se ha llegado a una conclusión:
“Porque no podemos privar a la gente de la meditación (proceso en el cual la mente se ocupa en los pensamientos más banales para que el espíritu pueda alcanzar la purificación) es que preferimos el bienestar general por sobre el tuyo. Lo sentimos, pero no te podemos dejar morir.”
La moción ha sido denegada, el cangrejo ha sido condenado a vivir. La trivialidad ahoga a la humanidad y todos podemos descansar en paz.
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