justo cuando creia que empezaba a irme bien, lo arruino nuevamente...
is it me? or is it all the men i've ever met?
is it that it's not supposed to be?
but when has it ever been?
ya no se que hacer, no quiero esperar mas
y tu te escondes y te alejas
y yo te busco y me arrodillo
pero ya no quiero sufrir mas
y no se que quieres que te diga
no se que tengo que ser o hacer para atraerte
o si tengo que dejar de estar...
es eso lo que quieres? nunca mas volverme a ver?
si eso es lo que deseas, solo tienes que decirlo,
pero antes dime en que falle
porque siempre lo mismo
siempre termina todo en no
en un adios que no se dijo,
que tristemente no quisiste enunciar
o que del modo mas iluso, yo no supe entender.
y ahora, aqui, pienso en ti
mentiria si dijera que te he olvidado
mentiria si intentara mostrarte
lo bien que estoy sin ti.
por eso, una vez mas, me retiro, para dejarte ser
y a ver si algun dia la suerte llama a mi puerta y apareces tu
o alguien similar.
Sunday, October 22, 2006
Thursday, October 05, 2006
what if
what if all men stopped being such jerks? what if pretty women started liking other women?
maybe we would all be happier, this would be a better place and smoking after having sex would be something we could all enjoy.
cheers to that,
cheers to your being like that,
cheers to your making me write stuff like this.
maybe we would all be happier, this would be a better place and smoking after having sex would be something we could all enjoy.
cheers to that,
cheers to your being like that,
cheers to your making me write stuff like this.
La Inmortalidad del Cangrejo
El pobre cangrejo ya no sabe qué hacer: los días pasan, las noches se repiten, los abuelos ven su ciclo terminado, el nieto acaba de nacer y todo sigue como siempre. ¿Es ésto a lo que se refería Nietzsche con el eterno retorno? ¿Ver siempre a la luna relevar al sol para ser ella relevada luego por él? No lo sé… aunque nos gustaría creer que tenía algo más en mente, algo más profundo, algo más como lo que todos esperarían de un filósofo de tal magnitud. Pero ¡vaya usted a saber!
Todos los días y todo el día, el cangrejo sufre, desespera, hasta que se duerme. Sueña con su muerte, envuelto en una felicidad indescriptible, lleno de deseo por saber qué sucede después, imagina las cosas que vendrán y está (ésto lo puedo asegurar) honestamente emocionado. Pero luego despierta y entiende que nada de eso fue real, entiende que estará ahí por siempre, por los siglos de los siglos y amén… no hay nada que él pueda hacer. Hasta que un día, nadie me ayuda, a nadie se le ocurre pensar que no es normal que yo no muera (¿es acaso normal en alguien la inmortalidad? pues, no, pero esos egoístas sólo piensan en ellos mismo). Ya estoy harto. Creo que he tenido suficiente con tanta vida y esto se debería acabar aquí. Tengo que hacer algo, debe haber algo que pueda hacer.
Es ahí, en este preciso momento de absoluta epifanía y Divina revelación, cuando el cangrejo decide presentarse al tribunal y elevar una solicitud:
“Estimados Miembros del Consejo: propongo una moción para acabar con mi inmortalidad y que de esa manera la gente deje de pensar en mí. Ha sido demasiado y esto debe terminar, que alguien me ayude a morir, ahora, ya.”
El tribunal analiza tan excepcional solicitud y, luego de varias horas de profundo escrutinio en que se debaten todas las razones y se discuten todas las posibles consecuencias, se ha llegado a una conclusión:
“Porque no podemos privar a la gente de la meditación (proceso en el cual la mente se ocupa en los pensamientos más banales para que el espíritu pueda alcanzar la purificación) es que preferimos el bienestar general por sobre el tuyo. Lo sentimos, pero no te podemos dejar morir.”
La moción ha sido denegada, el cangrejo ha sido condenado a vivir. La trivialidad ahoga a la humanidad y todos podemos descansar en paz.
Todos los días y todo el día, el cangrejo sufre, desespera, hasta que se duerme. Sueña con su muerte, envuelto en una felicidad indescriptible, lleno de deseo por saber qué sucede después, imagina las cosas que vendrán y está (ésto lo puedo asegurar) honestamente emocionado. Pero luego despierta y entiende que nada de eso fue real, entiende que estará ahí por siempre, por los siglos de los siglos y amén… no hay nada que él pueda hacer. Hasta que un día, nadie me ayuda, a nadie se le ocurre pensar que no es normal que yo no muera (¿es acaso normal en alguien la inmortalidad? pues, no, pero esos egoístas sólo piensan en ellos mismo). Ya estoy harto. Creo que he tenido suficiente con tanta vida y esto se debería acabar aquí. Tengo que hacer algo, debe haber algo que pueda hacer.
Es ahí, en este preciso momento de absoluta epifanía y Divina revelación, cuando el cangrejo decide presentarse al tribunal y elevar una solicitud:
“Estimados Miembros del Consejo: propongo una moción para acabar con mi inmortalidad y que de esa manera la gente deje de pensar en mí. Ha sido demasiado y esto debe terminar, que alguien me ayude a morir, ahora, ya.”
El tribunal analiza tan excepcional solicitud y, luego de varias horas de profundo escrutinio en que se debaten todas las razones y se discuten todas las posibles consecuencias, se ha llegado a una conclusión:
“Porque no podemos privar a la gente de la meditación (proceso en el cual la mente se ocupa en los pensamientos más banales para que el espíritu pueda alcanzar la purificación) es que preferimos el bienestar general por sobre el tuyo. Lo sentimos, pero no te podemos dejar morir.”
La moción ha sido denegada, el cangrejo ha sido condenado a vivir. La trivialidad ahoga a la humanidad y todos podemos descansar en paz.